martes, 15 de abril de 2014

Noah

En toda trayectoria cinematográfica llega un gran director y hace una patata. 

Esta es oficialmente la patata de Aronofsky.

La intención era buena, pero la tetricidad, puesta en escena, falta de ritmo y carencia de interpretación, hacen de esta historia algo realmente soporífero.

De este arca no se salva nadie.

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